jueves, 25 de abril de 2019

Nuestro primer viaje a Marruecos. Meknes y Asilah

En el segundo día lo dedicamos a visitar Meknes y Bolubis, para mí, y para todos con los que hablo del tour, un día de lo más decepcionante.
Llegamos a Meknes, y nos bajan ante la puerta Bab el Mansour. Nos dan cinco minutos para hacer la foto y volver al autobús, no podemos cruzar y pasear por la plaza, o tomarnos un zumo de naranja del que tanto venden por aquí.
No es muy buena la foto, lo sé, pero es lo que tiene hacerla en cinco minutos y rodeada de gente queriendo hacer fotos.

Al fondo la plaza El-Hedim, con un llamativo coche de caballos en la carretera.

Volvemos al autobús y nos dirigimos al estanque de Agdal.




 Allí mismo el guía nos pregunta si queremos entrar a ver el momento (unas ruinas de unas caballerizas y graneros), y nos dice, que si no lo vemos es como si no hubiésemos visto Meknes, así que con esa premisa la mayoría del grupo decide entrar, y pagar los 70 dirhams que cuesta la entrada, nuestra recomendación, no vale la pena, no por ese precio. Vemos las caballerizas, que es un lugar con un encanto romántico por eso de que se encuentra en ruinas, ya que el techo se cayó por el terremoto de Lisboa, pero nada más.



Subimos al autobús y pensábamos que veríamos la medina, pero no, nos llevan ante la puerta del mausoleo de Mulay Ismail el que hizo Meknes capital de Marruecos y que se casó con 500 mujeres, una de cada tribu, y famoso por ser un gran asesino de esclavos. No se puede visitar por encontrarse en obras. 


Nos meten de nuevo en una tienda, en la que nos enseñan como se hace la artesanía típica de la ciudad, el damasquinado, objetos de metal con incrustaciones  de hilos de plata. Y nos invitan a comprar. La mayoría de nosotros, ya cansados de este trato salimos y nos vamos a la tienda que está justo al lado, y allí compro estos pendientes y por fin regateo (toda una experiencia).



Se acaba aquí la visita a Meknes, una pena hacer tantos kilómetros para no ver a penas nada. Y el colmo viene ahora, pues en vez de darnos tiempo libre para comer nos llevan a un restaurante de nuevo concertado, con un menú cerrado donde tenemos que pelear con el camarero para poder sentarnos juntos. La comida está buena, pero no es lo que nosotros queríamos hacer. Comemos, ensalada marroquí, tajine de pollo y ternera, con verdura y ciruelas, y fruta. Y para terminar un té. 130 dirhams por menú.





En la tarde visitamos Volubilis, unas ruinas romanas que nos sorprenden por su belleza y la conservación de algunos de sus mosaicos. De los monumentos solo quedan las columnas y la estructura, pero sí se mantiene el arco del triunfo, construido por el pueblo Beréber que habitaba la zona en agradecimiento a los romanos que fueron inteligentes y decidieron no hacerles pagar tributos seguramente para evitar las revueltas de este pueblo.







El nombre de esta ciudad romana se debía a las flores que abundan en la zona, una flor voluble que se abre durante el día y se cierra por la noche.




Desde estas ruinas, se puede ver el pueblo de Mulay Idris, conocido como el el camello, por la forma que dibuja en la montaña. Una pena no visitar tampoco este lugar que seguro que está lleno de encanto.


Por el camino, podemos admirar la maravillosa vega de esta zona de Marruecos, enormes extensiones de terreno dedicados a la agricultura, principal motor económico del país


De vuelta al hotel, nos dicen que tenemos que cenar a las siete y media, y que no nos retrasemos porque hay más grupos, y por supuesto, la comida la misma que los días anteriores. Mi hermana y yo decidimos que vamos a usar el tiempo de la cena para darnos una ducha y luego salir fuera. Los niños y el papá meriendan la comida del hotel, y de nuevo otro choque. La bebida no está incluida en la cena, así que hay que pagar 20 dirhjamas por una botella de agua o 15 dirhjamas por un refresco, ellos se sientan el camarero le pregunta qué quieren cenar y como le responden "ahora no, un momento", de forma airada le quitan los vasos de la mesa.
La cena fuera, en la que tomamos tres platos entre todos, y una botella de agua 120 dirhams. Otra curiosidad, cuando buscamos donde cenar nos encontramos que en todos bares están viendo un partido de la liga española, Barcelona/Real Sociedad. 

Las ensaladas a base de verduras son muy típicas de Marruecos

Esta salsa la añadimos a la verdura, como aliño, es muy picante.

Kofta, una especie de albóndigas planas, de carne picada de cordero o ternera

Cous cous de pollo y verdura.
Antes de ir al hotel, encontramos un pub donde venden cerveza a los turistas, es una cerveza suave y está fría, 30 dirhjamas. Lo más divertido fue ver como el camarero al vernos pasar nos pregunta directamente ¿cerveza?, un reclamo total en un país como este.
Termina el día y nos vamos a la cama, pero de nuevo una sorpresa, son las once y se escucha el sonido de la oración de la mezquita que tenemos cerca, nos dormimos con el mantra del rezo.


El último día, es casi prácticamente día de carretera, volvemos a casa, unos 500 km de carretera hasta el barco. No madrugamos mucho, el autobús nos recoge a las ocho de la mañana, el tiempo en el camino es muy inestable, a ratos hace sol a ratos llueve, por suerte cuando paramos en Asilah, última parada en el camino, gracias a Dios o a Alá, no llueve nada. Llegamos ilusionados porque el guía nos ha dicho que hoy tendríamos el tiempo libre, pero todo se vuelve decepción, solo tenemos una hora y media para comer y visitar la medina.
Comemos muy rápido, gracias a que los chicos que nos atienden en el restaurante son muy comprensivos y amables y nos sacan la comida enseguida. Lo típico de aquí, ciudad costera, es lo mismo que cualquier lugar costero mediterráneo, el pescaíto frito. Comemos por 20€ tres raciones de pescado y una botella de agua.




Terminamos de comer, contamos con 45 min para conocer la medina, así que nos adentramos dentro de la muralla y nos encontramos un laberinto de calles estrechas pintadas de blanco, azul y verde, llenas de vida, con un montón de tiendas donde comprar recuerdos, y entre tienda y tienda varias galerías de arte, se nota el carácter cosmopolita de cualquier pueblo de costa acostumbrado a recibir turistas de todas partes. 










Los 45 min se van en un suspiro, tenemos que volver al autobús. Una pena la organización de este viaje.
Volvemos al barco, tenemos que hacer una cola de dos horas para que nos sellen el pasaporte, pero ya no es hemos acostumbrado al carácter marroquí. Nos llevamos muchas cosas de este viaje, a pesar de la mala organización hemos aprendido mucho del carácter de comerciante que llevan dentro todos los marroquís ("¡saca la pasta!" nos gritaba alegre uno de los comerciantes), la amabilidad y la muestra exagerada de los sentimientos, sobre todo cuando se enfadan. Vimos chicas con burka, con velo, con la cabeza descubierta, lo que demuestra cierta tolerancia hacia las mujeres, pero los bares llenos de hombres y ninguna mujer. La presencia de la imagen del rey por todas partes. La enorme desigualdad del país (castillos de 80 hectáreas y sueldos de 400€, junto a niños pidiendo en la calle) Pero también hemos aprendido sobre el comportamiento de los españoles, que no damos propinas, que nos enfadamos por no coger el autobús los primeros o algunos por no querer compartir mesa, y quizás sobre nuestra mirada de superioridad y autosuficiencia, creyendo que vivimos un mundo mejor, y quizás tan solo sea diferente.
Seguro que volveremos a este país, nos ha fascinado, y tiene muchos más rincones que mostrar, eso sí, sin contratar ningún tour.

Si quieres saber más de nuestro viaje a Marruecos pincha aquí:

Nuestro primer viaje a Marruecos. Fez


Esto de saber los turnos de trabajo de papá con antelación, es todo un lujo, por fin podemos hacer planes con tiempo y viajar a donde queremos y no solo a donde hay sitio (dentro de nuestras posibilidades económicas, claro). Así que, sabiendo casi un mes antes que podíamos viajar en Semana Santa, nos lanzamos a planificar un viaje a Marruecos, nuestra primera incursión a este país del que tan solo nos separa una hora y media de barco.

Como era la primera vez que viajábamos aquí, tras escuchar miles de consejos (algunos resultaron buenos y otros malos), y tras sopesar pros y contras, decidimos contratar un tour con todo organizado, es la primera vez que lo hacemos y la impresión no ha sido muy buena.
El primer día tiene poco que contar, llegamos a las 9 para coger el ferry a las 10 al puerto de Algeciras, donde nos recibieron dos personas de la agencia para darnos la tarjeta de embarque y la ficha que hay que rellenar y entregar en el barco a la policía cuando te sellan el pasaporte.
El primer problema llega cuando sabemos que el barco se retrasa dos horas!!! Pero, por fin, nos vamos:



El barco otra odisea, porque hay que sellar el pasaporte y la cola para hacerlo es de más de media hora. Por suerte ninguno de nosotros se mareó, y el trayecto lo pasamos tranquilos. Al llegar, tenemos que subir a una lanzadera para ir a la entrada del puerto donde esperaba el autobús, pero...madre mía, el autobús no tenía parada y cada vez paraba en un sitio distinto, ya empezamos a entender lo diferente que es la cultura marroquí, pero por supuesto también sale a relucir la española en la que todos salimos corriendo en avalancha cuando llegaba el autobús. 

Por fin llegamos a nuestro autobús, en el que nos esperaba nuestro guía, y madre mía qué autobús!!! Antiguo, sucio...hasta el guía nos dice que se ha quejado y que promete tener otro nuevo para el día siguiente. Subimos al bus y hacemos un hora de camino hasta parar en una gasolinera paramos a comer, es como una especie de restaurante de comida rápida, así que hay que hacer cola para pedir (tardamos más de una hora en hacer el pedido), y cola para recoger la comida. Otro problema fue el pago, pues casi nadie había cambiado ya que las agencias te recomiendan que lo hagas en el país, así que pagamos en euros, y nos cobraron haciendo cuentas de aquella manera. 
De aquí al autobús, 400 km más para llegar a Fez, nuestro destino. Aunque pasamos el día viajando, desde la ventanilla ya vimos cosas que nos llamaron la atención. La gran cantidad de pastoreo que hay en la zona, pastores con pocas ovejas, o con dos o tres vacas. Por otro lado, había muchos niños, niños corriendo, un grupo haciendo ejercicio en una torre de electricidad, y de vez en cuando una especie de campos de fútbol con porterías echas con tres palos. Y lo que era más llamativo, esos niños estaban en mitad de la nada, lejos de cualquier casa, al menos no había ninguna dentro de mi campo de visión. También nos sorprendió ver muchos coches de lujo en la carretera (íbamos por peaje), y en contraste hombres andando por los arcenes.
Llegamos tarde al hotel, el hotel Sofía, situado en la parte nueva de Fez, de cuatro estrellas, limpio, con bonitos salones, todo perfecto, hasta que nos dan la cena, que no era muy buena. Bueno, con eso ya contábamos. Por suerte, el hotel tiene una casa de cambio y por fin conseguimos dírhams.



Al día siguiente comienzan las visitas, la mañana la dedicamos a Fez. Fez se divide en tres partes, la ciudad nueva, donde se sitúa el hotel, del siglo XX, la ciudad donde se encuentra el palacio del rey, del siglo XIV y la medina o casco antiguo del siglo XI, conservada tal cual desde entonces. En autobús (por fin un autobús nuevo, más moderno) llegamos a la ciudad del siglo XIV donde vemos la entrada al castillo del Rey, una impresionante fachada conocida como las siete puertas, con las puertas talladas a mano,un impresionante trabajo de orfebrería. El palacio es el más grande de Marruecos con 80 hectáreas.


Parte de las murallas

Las siete puertas 

Una de las puertas
Otra característica de esta zona, son sus edificios con balcones hacia afuera, ya que lo típico de Marruecos es construir las casas hacia el patio interior y no hacía la calle.


La calle con sus balcones

Una entrada al zoco de esta zona
Por las calles ya vamos descubriendo rincones que nos van desvelando la forma de vivir del país 
Una barbería en activo

La fachada de una tienda

Una tienda de deliciosos frutos secos, donde degustamos unos dátiles deliciosos.

Y por fin visitamos al medina, había leído en muchos sitios que es mejor visitar esta zona con un guía, pues las calles son un laberinto y es fácil perderse, nosotros íbamos con guía, pero desde luego creo que no debe ser la mejor opción. Nuestro grupo es de unas cincuenta personas, así que voy a tratar de disculpar a nuestro cicerone pues quizás tenía miedo de que nos perdiéramos, pero visitamos el zoco muy rápido, sin poder parar a hablar o regatear con los comerciantes, y en su lugar haciendo paradas muy largas en distintas tiendas donde tendría algún acuerdo con los dueños. Así que si volviésemos algún día, creo que o intentaríamos ir por libre o buscaríamos un guía privado.
Aún así, invitamos a todos a recorrer la medina, es una vuelta en el tiempo y una oportunidad única para conocer el carácter de nuestros vecinos de África. Las calles son estrechas e intrincadas y llenas de vida y color. En cada calle se encuentra un oficio, los tintoreros, los curtidores, la zona de comida, los plateros.

Entramos a la medina, por lo que nos dijeron que era la calle más estrecha de Fez:



La medina tiene los barrios divididos por oficios, en este, por ejemplo solo encontramos productos de alimentación:



Otra es la zona de los tintoreros donde llenan de color los tejidos a mano, y donde encuentras las más bonitas sedas vegetales:




 En otro barrio, los cosméticos, y productos de parafarmacia, aquí entramos en una tienda donde una mujer molía semillas de argán para extraer manualmente el aceite:


Otra es la plaza de los caldereros, que nosotros la encontramos muy desanimada, ya que al ser viernes estaban de oración, pero vimos tiendas con una preciosa artesanía de metal:



Y por supuesto, el barrio de los curtidores, donde curten el cuero a mano con un proceso muy laborioso, que hoy en día se ha simplificado algo por el uso de grandes lavadoras.




Además pudimos ver, desde la puerta, la universidad más antigua de Marruecos,y  del mundo, que curiosamente fue fundada por una mujer Fatima al-Fihri en el año 859


No se puede visitar, pero pudimos ver algo desde la puerta que abrieron a nuestro paso

y el mauseleo de Maulay Idris, donde se encuentra enterrado este rey:




Como fuimos en viernes, día de oración de la semana, también pudimos ver desde la puerta la zona de oración de la universidad.

Dos cosas me llamaron poderosamente la atención, las fotos del rey colocadas en todos los negocios, y la cantidad de niños que a media mañana emergieron de todas partes intentando vendernos cualquier baratija. Felices con una sonrisa, pero pidiendo un par de euros a cada turista que veían pasar.




En la tarde tuvimos tiempo libre, así que después de comer en el hotel (la misma comida que nos dieron en la cena), y descansar un poco en la habitación, decidimos dar un paseo por la zona del siglo XX. Lo que encontramos fue una ciudad en ebullición, llena de ruido y vida, con mucho ruido de coches, discusiones de los conductores. Cruzar la calle es toda una aventura, no hay que tener miedo y cuando se ve el momento menos peligroso lanzarte a andar entre los coches. Las calles estaban llenas de mercadillos en los que venden de todo, relojes, zapatos, dátiles...

Conductores de petits taxis discutiendo

Un mercadillo de zapatos

La mezquita más grande de la zona

Por fin nos sentamos un rato a descansar, a tomar un té marroquí y unos zumos de naranja con unos deliciosos pastelitos árabes. Todo por 4,4 €. El nivel de vida de aquí es muy bajo, un marroquí con un trabajo medio puede llegar a ganar unos 400 €, y hay que contar con el alto índice de pobreza de la población. Esto nos hace ver una nueva desventaja de este tour, pues nos llevan a sitios concertados en los que nos hacen pagar más dinero de la cuenta por cualquier cosa.





En la noche, decidimos asistir a una fiesta de fantasía que organiza la agencia, la simulación de una boda. Nos llevan a un palacio, en el que nos reciben con música, y mientras cenamos no paran de aparecer espectáculos, bailes tradicionales, la danza del vientre, un mago... y al final, eligen a una chica y a un chico del público, los visten de novios y a ella la suben a una especie de trono para levantarla y mostrarla a los demás. la comida está regular, pero a cambio nos dan vino hecho en Marruecos, pues aunque los marroquíes no pueden beber alcohol, los franceses le dejaron como herencia el arte de saber hacer vino, que fabrican para los turistas y la exportación (y quizás para el que quiera beberlo en la intimidad de su casa)
De la fiesta, me quedo con la poca profesionalidad de los camareros, que pasan por mitad de los espectáculos, se hacen fotos con las turistas, se ponen a bailar con nosotros, no es algo incómodo, de nuevo aprendemos algo más de la cultura y carácter de la gente de este país.
En la siguiente entrada nos dirigimos a Meknes y a Asilah.
Si quieres saber más de nuestro viaje a Marruecos pincha aquí: