miércoles, 30 de marzo de 2016

Semana Santa en el Algarve. Gastronomía

Como siempre Portugal nos deja buen sabor de boca. Nunca falla. Las raciones son siempre generosas, dos curiosidades para los que no conocéis el país vecino. Antes de comer, como entremeses te ponen pan, mantequilla, paté de sardinas y un pequeño queso, en otras zonas te ponen también aceitunas, o en uno de los bares que hemos estado unas zanahorias aliñadas. Eso sí, todo eso lo cobran, aunque no es caro.
La otra curiosidad, es que los  platos te los sirven en bandejas y de esa bandeja tú te la sirves en tu plato. Es ideal para poder compartir.

En esta ocasión probamos la ensaladilla del Algarve, buenísima, es una especie de pipirrana andaluza.


También probamos una cataplana de marisco, la cataplana es una especie de olla redonda en la que se hacen los alimentos en su propio jugo, la comida te la sirven en la misma cataplana.


Las cataplanas pueden ser de distintos alimentos e incluso pueden ir con arroz. Esta vez no probamos ningún arroz, pero es una de las delicias de la zona.

Otra cosa en la que destacan los portugueses es en los dulces, ¿quién no conoce los pastelitos de Belem? En esta zona, los postres típicos están hechos a base de higos, almendras y otros frutos secos. El postre más característico, en este sentido, quizás sea la tarta de algarroba. Exquisita.


Otro postre que hemos probado, es la baba de caramelo, un dulce tipo mousse dulce, dulce, dulce.



Y otro más, el Don Rodrigo un pastelito hecho a base de yemas y almendras, de rechupete.

Comimos pescado, riquísimo, pollo también muy bueno... pero nos quedaron cosas por probar, por ejemplo, en Monchique no probamos el plato típico de allí, que es un bollo de chorizo, lo dejaremos para la próxima ocasión.

Semana Santa en el Algarve. El interior.

Si la costa del Algarve es un paraíso, la zona de interior no se queda atrás, visitar sus montañas y sus pueblos te va a dejar con la boca abierta.
Como supongo que ya sabéis todos en nuestra familia amamos la montaña, así que no podíamos dejar de visitar la sierra de Monchique, un pulmón verde para la zona sur de Portugal.
Intentamos hacer un frondoso sendero que asciende al pico Picota, el segundo más alto de la región, pero nos equivocamos en el camino y acabamos justo enfrente de nuestro supuesto destino, no pasa nada, el camino y sus vistas merecieron la pena.

Ánimo caminantes

Al fondo se ve el mar



Al fondo, el pico Picota.
Me gustaría destacar de este paseo, la gran cantidad de plantas y flores que nos encontramos, aquí tenéis una muestra:
Madroños

Varitas de San José

Un tipo de setas, que por supuesto ni tocamos.

El primer pico más alto de la zona es el pico Foia, pero hasta él se puede acceder en coche, así qué...en coche fuimos.
Las vistas desde el pico

Esto es lo que te encuentras arriba

Y lo único que hay que subir, si quieres.
Cerca de Monchique, aunque por una carretera que pone a prueba a cualquier conductor, se encuentra la ciudad de Silves, en la que se puede visitar su precioso castillo de color rojizo y su catedral, aunque cuando nosotros llegamos ya estaba todo cerrado (¿por qué llegamos siempre tarde a casi todo?). Además Silves, tiene una zona muy bonita de calles empedradas.

El castillo de Silves

El castillo con la bandera de Portugal

La portada de la Sé

Una puerta de la ciudad
Unos quilómetros más al este por la misma carretera, viajando siempre entre naranjos, llegamos a Alte, un pequeñísmo pueblo que me recordó un poco a nuestra Alpujarra.

La vista del pueblo cuando entras

El último lugar que visitamos fue Loulé, una ciudad preciosa, con muchos monumentos que visitar, pero como ya viene siendo la tónica habitual de este viaje, cerrados porque fuimos a ir en día festivo.

El mercado

Una de sus iglesias

Paseando por sus calles

El castillo
La verdad es que nos hubiese gustado quedarnos más, pero las vacaciones se acaban, el Algarve, todo un descubrimiento. Portugal es ese destino que siempre nos enamora, que nunca nos deja indiferentes. Volveremos.

No creáis que he terminado, en la siguiente entrada os voy a hablar de los exquisitos platos portugueses, todavía me relamo, ummm.


Semana Santa en el Algarve. La costa.

Esta Semana Santa hemos pasado unos días en el Algarve portugués, como sabréis se trata de la zona sur de Portugal, zona famosa por sus preciosas playas y su buena comida. Todo esto lo hemos podido corroborar nosotros.
No era la primera vez que yo viajaba esta zona, pero sí era la primera visita que lo hacía mi familia y los amigos con los que viajamos, la verdad es que yo hacía mucho tiempo que había ido y ha sido un redescubrimiento fantástico.

Evidentemente en cuatro días que hemos estado, no hemos visitado toda la zona, nos hemos centrado en el oeste de la región. Voy a dividir la experiencia en dos zonas, la zona costera y la zona de montaña, ambas maravillosas.

En la zona de costa visitamos varios pueblos, el primero fue Lagos, el pueblo tiene una zona peatonal muy agradable, llena de comercios para turistas y restaurantes, en esta zona encontramos dos iglesias, la de San Antonio, una de las iglesias más importantes de Portugal y Santa María. Fue una pena no poder entrar a ellas, pero ya volveremos.
Una plaza de Lagos con la Iglesia de San Antonio al fondo

La Iglesia de Santa María, con una exposición de cruces delante con motivo de la Semana Santa.
Cuenta además con una fortaleza al final del puerto, frente a la zona de las murallas de la ciudad.


Otra ciudad costera que visitamos fue Portimao, el centro de esta ciudad es también peatonal, aquí también encuentras multitud de restaurantes y comercios casi todos dedicados a la piel y a los artículos hechos de corcho, algo muy típico de todo Portugal.

Una de las calles de Portimao, al fondo con unos edificios con la fachada de azulejos.

La iglesia del antiguo colegio de los Jesuitas.

Interior de la Iglesia  Nossa Senhora da Conceiçao
Otro pequeño y entrañable pueblo que visitamos es Alvor, Alvor se sitúa junto a una ría, lo que hace que el paisaje cambie totalmente en unos pocos quilómetros. Aquí nos llovió un poquito, pero hizo que el pueblo se envolviera en una atmósfera especial, como si nos hubiésemos trasladado al norte.

Una calle de Alvor

Bajando al puerto
La puerta manuelina de la iglesia de Alvor.

El puerto de Alvor



Pero sin duda, lo mejor de la zona costera del Algarve son sus preciosas playas de arena dorada. Las playas están al pié de enormes acantilados de tonos cobrizos, e invadidas por islotes y grutas que se pueden visitar alquilando una barca. Nosotros alquilamos una en Lagos y quedamos impresionados con el viaje, además los niños disfrutaron como los enanos que son, claro.
Aquí os dejo algunas imágenes.
Esas escaleras se construyeron para descargar a los esclavos.


Una playa paradisíaca tan cerca y nosotros sin saberlo.

Una gruta desde el barco

La gruta por dentro



Pero no solo visitamos la paya en barco, también la visitamos a pié de playa y algunos ¡¡hasta se bañaron!!, bueno con truco.
Cómo mola la arena!

Me quiero bañaaarrr

Con neopreno! Así cualquiera!


Paseando por la arena
Otra forma de conocer estos impresionantes acantilados es paseando por unos caminos que han habilitado sobre ellos, una forma menos peligrosa y también muy bonita.




No puedo terminar esta entrada, sin hablar del Cabo de San Vicente, lugar espectacular, en el que una vez que lo visitas comprendes porque nuestros antepasados creían que ahí se acababa el mundo.


Un poco antes del cabo te encuentras una fortaleza desde la que puedes bajar casia a ras de agua, para contemplar la inmensidad.
Por la carretera, antes de llegar al cabo te encuentras con varias playas en las que se concentran multitud de gente para practicar surf. Verlos también es un impresionante espectáculo.

En la siguiente entrada os contaré lo que visitamos en el interior de esta zona del Algarve.