jueves, 10 de agosto de 2017

Viaje a los Picos de Europa, Asturias. Parte I

Pues ya le tocaba a esta familia viajar a lo grande, esta vez hemos podido reunir más de cinco días para hacer lo que nos gusta más a toda la familia: viajar!!! Pero como ha sido todo muy precipitado y hemos tenido que improvisar sobra la marcha, no hemos podido coger un avión :(, lo cual al final ha sido muy positivo, porque hemos descubierto un lugar maravilloso: Asturias.

Decidimos ir a los Picos de Europa, por un lado, porque en el sur hace tanta calor que no podíamos ni pensar en ir en algún sitio que no nos bajara los grados, y por otro porque es un sitio donde podríamos llevar a cabo diversas actividades.

Aunque los Picos de Europa se sitúan entre Asturias, Cantabria y León, nosotros nos alojamos en Asturias, más concretamente en Arenas de Cabrales, en los Apartamentos Villa Cabrales, un pueblecito encantador  en el que nos alojamos unos cuantos de turistas ávidos de montaña.
Una plaza llena de bares

El tortu con picadillo, un plato típico asturiano que comimos en uno de los bares de Arenas. Una torta de harina y chorizo desmigado

Una de sus calles

Una pequeña iglesia
El palacio de los Mestas y Cosio

El río Casaño que atraviesa el pueblo
El pueblo de Arenas es pequeño pero acogedor, en el puedes visitar sus calles, dar un paseo junto al río y muy cerca de allí ver la Cueva del Queso, donde te explican cómo se hace el Queso de Cabrales (apestoso pero sabroso).

Muy cerca de Arenas, en dirección a Poncebos, se inician algunas de las rutas más concurridas de Asturias, nosotros hicimos dos, en las que los peques se portaron como unos campeones. Subimos a Bulnes y recorrimos la senda del Cares. Tanto una como otra comienzan en el mismo punto, y no sabríamos decir cual es de mayor dificultad.

Bulnes es un pequeño pueblo de pastores al que solo se puede acceder andando, o desde hace unos años subiendo en un funicular, nosotros lo hicimos andando, el camino es de unos ocho kilómetros (ida y otros ocho vuelta), con un desnivel de 450 m. aproximadamente. Quiero decir, que no es mucha distancia, pero es continua subida, menos mal que nuestros peques son unos campeones:

El comienzo del camino

Aquí ya se ve la subida

La supercampeona

Aunque da un poco de rabia, nada más llegar te encuentras con el funicular.


La entrada a Bulnes

Bulnes
Realmente, para los montañeros, Bulnes no es más que la antesala para llegar al pico más alto de los Picos de Europa, el Uriellu, o Naranjo de Bulnes. Nosotros nos conformamos con verlo desde abajo desde un mirador, y con comer junto al río en uno de los restaurantes de la aldea para reponer fuerzas antes de la bajada.

El Uriellu desde un mirador de Arenas de Cabrales
La otra ruta que se inicia desde Poncebos, es la senda del Cares, quizás la más visitada por los turistas. La dificultad de esta ruta reside en su longitud, unos 11/12 km. ida, la vuelta otros tantos, y si se inicia desde Poncebos una subida durante los dos primeros kilómetros que es díficil de acometer si no se está acostumbrado a andar por la montaña, el resto es fácil. La senda comienza en Poncebos (Asturias) y acaba en Caín (León) y atraviesa el desfiladero que forma el río Cares. Si no se está dispuesto a hacer ida y vuelta hay empresas que te recogen en Caín y te llevan a Poncebos o te hacen un tour turístico en 4x4 por los Picos de Europa. Nosotros fuimos y volvimos caminando.

Subiendo

Las cabras nos acompañaron por todo el camino

La impresionante garganta del Cares

El camino

Uno de los puentes que hay que cruzar

Cerca de Caín

El tramo final son unos túneles muy divertidos para los niños


El embalse final
Ese día tocó bocadillos, y mojarnos los pies en el río:


Y a descansar!!! En la siguiente entrada viajaremos a Covadonga y Cangas de Onís.


domingo, 25 de junio de 2017

Fin de semana en Cazorla

Este viaje ha sido para la mamá, más que un viaje en el espacio, también un viaje en el tiempo, pues hemos ido a visitar a los lugares donde pasaba los veranos de su infancia, aunque de forma diferente, pues los abuelos, que son muy aventureros, con toda la familia (tios, primos, hermanos...) pasaban un mes entero en las tierras de Cazorla en la zona de acampada libre de los Llanos de Arance, lugar donde ahora hay un camping muy civilizado, pero en el que antes solo había una ducha para mujeres y otra para hombres, y ¡de agua fría!.

Nosotros, no nos hemos ido de camping, aunque de novios los papás sí que lo hicieron alguna vez, esta vez nos hemos alojado en unos apartamentos muy cerquita de Coto Ríos. Y estas han sido nuestras aventuras.

El primer día, nada más llegar, decidimos bajar a Cazorla (más de una hora de camino, vuelta atrás), para ir a las fiestas del pueblo, la Tragantía, en las que se conmemora la reconquista de la ciudad, en la que una princesa mora fue encerrada por su padre en una cueva para esconderla de los cristianos, y allí esta princesa se metamorfoseó en mitad lagarto, mitad mujer. Desde entonces vive en esa cueva y solo sale en las noches de San Juan.
La leyenda es muy interesante, pero de las fiestas no vimos nada de nada, solo gente que paseaba con un flotador pero que no sabíamos de dónde ni a dónde iban. Sin embargo, el viaje a Cazorla mereció la pena, tan solo por pasear por sus calles.

Plaza de la Corredera

Una fuente de la plaza

Vistas nocturnas del castillo

Ruinas de Santa María
Plaza de Santa María

Una fuente que sirvió de patios de juegos en la Plaza
A la vuelta de Cazorla a los apartamentos, vimos un montón de ciervos y gamos que por la noche se animan más a acercarse a la carretera.

 A la mañana siguiente fuimos a hacer un pequeño río, la Hoya del Membrillo, un recorrido que tantas veces la mamá recorrió de niña y que ahora lo hace con sus hijos. Se trata de subir un arroyo por su cauce, aunque el primer tramo puede hacerse por fuera, durante el ascenso hay bañarse en pozas de agua cristalina, pero, eso sí, fría fría fría. La dificultad es baja, aunque hay que darse un poco de maña. Al final se llega a una poza con una cascada, la llamada Hoya. En total, en el recorrido se tarda sobre una hora, aunque puedes tardar más si vas bañándote y saltando en las pozas.

Hay que caminar por una pista, unos cuatrocientos metros hasta llegar aquí.

Y nada más llegar... al agua patos!!

Vamos río arriba


Cuidado con no resbalarte

Esta poza tiene que ser a nado

Otra más

y aquí está la hoya
A saltar!!!

Y otro salto más

Antes de comer, seguimos de baño en baño, esta vez nos dirigimos al camping Llanos de Arance, antes de llegar a él nos encontramos con este puente y esta poza, donde los abuelos y los tíos abuelos jugaban al dominó, con las mesas y las sillas dentro del agua:




 Comimos en un bar de Coto Ríos (el único que estaba abierto) y después de comer, seguimos nuestra ruta de baños, esta vez en el mismo pueblo:


El día está dando de sí, pero aún queda, vamos a dar un paseo por el río Borosa, nuestra intención es llegar a la cerrada de Elias, pero no vamos a llegar a la parte más bonita porque por mucho que queramos alargar el día, la noche nos acaba alcanzando.
El camino comienza por una pista forestal

En el que vas a ir contemplando las pozas de aguas cristalinas

También se ve muy claramente los plegamientos de la tierra

A unos cinco kilómetros te desvías de la pista a la izquierda y entras en la cerrada de Elias, espectacular.

 Tuvimos que volvernos antes de llegar a un bonito paso en la cerrada hecho de madera, la noche acechaba, pero no importa, siempre hay que tener un motivo para volver.

Cenamos en el quiosco del río Borosa, donde pudimos ver unos jabalíes que se acercaron a por comida. Es una lástima, porque el ser humano no se da cuenta que alimentado a los animales está acabando con sus instintos y haciéndoles dependientes del capricho de los humanos.


Al día siguiente, día de vuelta, visitamos en las Navas de San Pedro el centro de Cría del Quebrantahuesos, de la fundación Gypaetus, donde el tito Antonio está realizando sus prácticas del máster. Fue una visita muy interesante, donde aprendimos por ejemplo que el quebrantahuesos es monógamo, o que el macho o la hembra dominante se embadurna de barro para mostrar su poder a los demás.
En esta página podéis encontrar información:
http://www.gypaetus.org/


Después comimos en el bar del Cabrero, un restaurante totalmente aislado, de difícil acceso, pero con una comida deliciosa y totalmente ecológica, pues lo que cocinan proviene del huerto que tienen junto al bar.

Y después de comer, teníamos intención de bajar al puente de las Herrerías, pero...


El coche no tenía ganas de volver, así que lo dejamos en Cazorla y nosotros tuvimos que volver en taxi. Una aventura más. El conductor de la grúa nos llevó a un quiosco donde había más cobertura, y más tránsito de personas, allí nos recogería el taxi, que tardó más de cuatro horas en aparecer.

Al menos, mientras esperábamos que nos recogieran, pudimos pasear por la Cerrada del Utrero, un pequeño y precioso paseo de un kilómetro.



Un habitante de la Cerrada