jueves, 9 de agosto de 2018

Viaje a Portugal. Lisboa. La Alfama, Belén y el Oceanario.

Continuamos nuestro recorrido lisboeta. Conocemos ahora la Alfama, que visitamos en una tarde, este recorrido lo vamos a iniciar desde la Plaza de Comercio, es un pequeño paseo que nosotros hicimos de forma ascendente, pero también podéis hacerlo a la inversa, tomar el tranvía y llegar al Castillo de San Jorge y luego caminar cuesta abajo.

Hacemos aquí un inciso, el tranvía es uno de los medios de transporte típicos de Lisboa, además de los tranvías de uso público, hay también una red de tranvías solo para turistas que te hacen recorridos por toda la ciudad, en todas partes os lo recomiendan porque son más seguros (suele haber carteristas en los tranvías públicos más turísticos), pero realmente nosotros pensamos que coger el tranvía 28E es algo que no hay que perderse en Lisboa, es el tranvía más antiguo, y aunque vas como sardinilla en lata vives la realidad de los tranvías, no un sucedáneo turístico. Por otra parta, Lisboa es una ciudad hecha para caminar, así que realmente no es necesario tomar un vehículo turístico que te lleve de aquí para allá, a no ser que no te guste andar o que tengas muy poco tiempo para visitar la ciudad.

Los tranvías públicos (foto del 2005)
Comenzamos, entonces nuestro recorrido desde la Plaza de Comercio, por la calle Alfandenga, donde nos encontramos en unos escasos pasos la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción la Vieja, no estaba en nuestra planificación de ruta, así que fue una agradable sorpresa:




La iglesia fue construida alrededor de 1520, y aunque se derruyó debido a varios terremotos, conserva la fachada manuelina.

Un poco más adelante nos encontramos con la casa dos Bicos, decorada con piedras en forma de diamante, lo que hace que destaque entre las demás fachadas:

Actualmente alberga exposiciones temporales.
Aquí comienza el ascenso, por estrechas callejuelas hemos de ir subiendo hasta llegar a la Sé. 

(foto de 2005)

La Catedral de Lisboa, su entrada es gratuita, pero si quieres visitar el claustro, el tesoro y las capillas góticas, hay que pagar unos tres euros. La catedral original se construyó hacia el año 1150, pero los terremotos ha sido reconstruida varias veces a lo largo de la historia:






Salimos de la catedral, y nos dirigimos al castillo de San Jorge, lugar desde donde se ven las vistas más bonitas (para mi gusto) de Lisboa. El castillo es de pago, cuesta unos 8,50€ la entrada, pero los niños pequeños (menores de 10 años) entran de forma gratuita, además en Portugal existen las entradas familiares (para familias de cuatro miembros) que siempre son más económicas (en el caso de que los niños sean mayores).

Al pagar la entrada atravesamos las murallas de la ciudadela donde se ubicó la residencia de los reyes portugueses, hasta que en 1511 Manuel I edificara un palacio en la Plaza de Comercio. Lo primero que encontramos es una plaza presidida por la estatua de San Jorge, y unas vistas espectaculares de Lisboa:



Foto de 2005, sin duda la luz del invierno da una magia especial al paisaje.

Los niños disfrutaron con este recorrido, sus jardines, rincones y almenas (reconstruidas, por su puesto)






Salimos del castillo, y tomamos el tranvía 28E, como ya hemos explicado antes, que lo tomamos frente al mirador de Santa Luzia, un lugar ideal para descansar e incluso ver una bonita puesta de sol. Abandonamos Alfama, nos dejamos atrás la catedral de San Antonio y el Mirador de Gracía, ya hemos dicho en otras ocasiones que hay que dejar algo sin ver para volver (aunque esta ya sería la tercera vez).

Pincha aquí para ver como podría ser el recorrido en el mapa

El tranvía nos hace un precioso recorrido, nosotros nos bajamos cerca del edificio del parlamento de Lisboa, entre el barrio de la Estrela y el barrio Alto, cerca de donde nos alojamos. Ha sido un día duro, nos vamos a casa retomar fuerzas para seguir con la visita el día siguiente.

El parlamento de Lisboa (Palacio de Sao Bento)

A día siguiente nos vamos a Belém, esta zona está bastante alejada para ir andando, así que tomamos el autobús 727 en una parada junto al parlamento.

Lo más famoso de Belém, sin duda es el monasterio de los Jerónimos, una gran obra de estilo manuelino, que Manuel I mandó construir tras el regreso de Vasco da Gama del viaje que abrió la ruta marítima hacia la India. Para entrar tuvimos que esperar una larga cola, pero mereció la pena.

Parte de la fachada

Un detalle del pórtico de entrada.

Justo al entrar te topas con el maravillo claustro, desde el cual se va accediendo a las distintas estancias, son espectaculares sus arcos y adornos:




La fuente con un león en una esquina del claustro, símbolo de San Jerónimo



El reflectorio es una gran sala, cuyas paredes están cubiertas de azulejos, pero nos llamó la atención que no predominaban los tonos azules que encontramos en el resto de la ciudad, si no amarillos.






Aquí los peques encontraron una puerta secreta, pero no pudimos abrila... gran misterio.
Y por supuesto el monasterio contaba con su iglesia, a la que casi no pudimos acceder porque estaban ordenando misa en el momento que llegamos:



En el ala moderna del monasterio se encuentra el Museo Nacional de Arqueología, que dejamos para otra ocasión.

Salimos del monasterio, y aunque aún quedaba por ver, el hambre empezó a apretar, así que fuimos a comer a una hamburguesería que se encontraba justo frente a donde nos dejó el autobús, la hamburguesería Honorato. Y tenemos que hacer reseña de ella, porque realmente las hamburguesas estaban riquísimas, de la que destaco la hamburguesa de garbanzos y lentejas.


Con la tripa llena, continuamos nuestro paseo por Belém, frente al monasterio, se sitúan unos jardines con bonitas fuentes y frescas zonas verdes:

La Praça do Imperio
Pero lo realmente interesante, está un poco más allá de los jardines, junto a la orilla del Tajo, donde encontramos en primer lugar el Monumento a los Descubrimientos:


¿Veis los descubridores del siglo XXI?

Este monumento de construcción reciente (1960), y se debe al 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante.

Siguiendo el curso del río Tajo, encontramos el otro monumento de Belém que venimos a visitar, la Torre de Belém, una torre defensiva y punto de embarque para los navegantes que partían a descubrir las nuevas rutas marítimas. Se trata de una torre defensiva, por lo tanto en su interior es austera, pero su decoración exterior es una preciosidad.





Con esto nos despedimos de Belém, pero no podemos irnos sin comprar los famosos pastéis de Belém en la pastelería más famosa de  toda Lisboa:




En la pastelería puedes entrar y tomarte un café y un pastel, o hacer como hicimos nosotros, comprar los pasteles y llevarlos a casa. En cualquier caso, parece que jamás lo vas a lograr porque las colas son enormes, sin embargo, el sistema que tienen es tan efectivo que no tienes que esperar a penas nada en la cola, así que nuestra recomendación es que a pesar de que veáis una larga cola no paséis de largo, realmente esperaréis muy poco y merece la pena.

Nos volvemos a casa en autobús. Esta noche toca cena y fado en el barrio alto, y mañana... al Oceanario.

El Oceanario es una visita que no os podéis saltar y más si vais con niños, se trata del segundo acuario más grande del mundo. Hasta allí hay que ir en cocho o autobús, nosotros nos decantamos por el coche, pero en la misma parada donde fuimos a Belém podríamos haber cogido un autobús. 

A los niños, y a los mayores nos encantó, pero, el problema fue la cantidad de gente, en verano hay turistas por todos lados y era muy difícil acercarse a ver nada, nuestra recomendación, que comáis un poco antes o lo posterguéis para después y entréis a la hora de la comida.

Aquí tenéis toda la información con los horarios y las tarifas, de nuevo, sale muy económica la tarifa familiar. Ojo, al llegar podéis comprar las entradas en una máquina en la que apenas hay cola, pero solo podréis sacar la entrada simple, si podéis disfrutar de algún descuento toca cola y ventanilla.

Estas son algunas imágenes del Oceanario.

En una exposición temporal, animales hechos con basura recogida del mar

Pingüinos

Un gran acuario

¡Quiero entrar!
El Oceanario está situado en la parte moderna de Lisboa, donde se albergó la Expo en el 98, por eso encontramos edificios modernos, como la estación diseño de Calatrava, que se encuentra justo en frente de un gran centro comercial:


O estos curiosos edificios, antiguo pabellón de Portugal en la Expo.


Suponemos, y sabemos que dejamos muchos edificios, iglesias y zonas de Lisboa por conocer, pero el último día de nuestro viaje lo vamos a dedicar a Sintra, lugar de extraordinaria belleza. Os lo contamos en el próximo post.


domingo, 5 de agosto de 2018

Viaje a Portugal. Lisboa. Barrio Alto y la Baixa.

Portugal es uno de nuestros destinos favoritos, de hecho este blog se inició con un viaje al Algarve, que tampoco fue nuestra primera incursión a estas tierras. De hecho, ya visitamos Lisboa y Sintra allá por el 2005, cuando aún no teníamos a nuestros hijos.

Antes de entrar en materia, es muy importante si decidís viajar a Portugal, que sepáis que las autopistas son todas allí de pago, pero que además hay distintas formas de pago, así que si no queréis vivir momentos desagradables (multas, por ejemplo) debéis informaros y planificar la ruta de viaje muy bien con anterioridad. Os dejo un enlace para que os informéis bien sobre todo: http://www.trucosviajeros.com/es-es/2018/05/conducir-portugal-autopistas-peajes.html

Lisboa es una ciudad con un gran encanto, sus calles empedradas, sus fachadas de azulejos, la amabilidad de sus habitantes, hacen de ella un destino entrañable. Son muchas las diferencias que encontramos de nuestro primer viaje a este, la primera vez fuimos en febrero, y ahora en julio, el ambiente es totalmente diferente, desde luego encontramos mucho más turismo (y más calor).

Además encontramos la ciudad un poco más limpia y cuidada, aunque sigue sin perder su ambiente de decadencia que tanto nos encanta (sobre todo en el barrio alto que encontramos lleno de pintadas). La luz del invierno es también diferente a la luz del verano, así que los colores que nos encontramos son también distintos. Y sobre todo, no es lo mismo viajar una padilla de amigos y que una pandilla de familias, ah, olvidaba decir que nos acompaña en este viaje otra familia amiga, los Curis.

Recuerdos de nuestro viaje del 2005

Lisboa es una ciudad para recorrer andando, pero siempre podéis coger cualquiera de los tours que se ofrecen para los turistas en tuck-tuck, autobús, tranvías, barco o incluso en un medio anfibio. Además está muy bien comunicada por metro, líneas de autobuses y de tranvías públicos (y es más barato). Aquí tenéis información sobre el transporte público de Lisboa. Nosotros nos alojamos en el barrio alto de Lisboa, y excepto para dirigirnos a Belem y a la zona del Oceanario, todo se puede recorrer andando.

Un tranvía de línea pública.

Tuck-tucks haciendo su recorrido por las calles de Lisboa

Nuestro primer paseo comenzó por el Barrio Alto, nos alojamos cerca de la Plaza del Príncipe, desde la cual bajamos por la Calle de San Pedro hasta el mirador de San Pedro de Alcántara, desde donde pudimos contemplar una primera vista de la ciudad, aunque había colocada una reja para que no nos pudiésemos acercarnos demasiado y para impedir hacer buenas fotos..., pero no pasa nada, un poco más abajo encontramos la Iglesia de San Roque del siglo XVI

Fachada de la Iglesia, al fondo :)

Impresionante techo

Un precioso retablo
Las calles del Barrio Alto por las que seguimos nuestro paseo, están decoradas con guirnaldas de colores, que de día se ven así:

Esta zona es un buen lugar donde buscar sitio para comer, algo más económico que en otras zonas, aunque también bastante turístico, además hay multitud de bares y restaurantes donde asistir a espéctáculos de Fado, es muy famosa la Taberna do Chico, pero también es muy difícil entrar, siempre la encontramos con colas con largo tiempo de espera, quizás vosotros tengáis más suerte:

El animado barrio alto de noche.

Continuamos caminando, hasta llegar a Chiado, una zona peatonal donde encontramos el Café Brasileira, lugar de reunión de escritores de comienzos del siglo XX.



El interior del café Brasileira
Seguimos callejeando y nos topamos con una fachada de 1864 en azulejos, que representa las alegorías de la Ciencia, la Agricultura y el Comercio. Es curioso, porque la tradición de los azulejos de Lisboa realmente fue una importación de los azulejos españoles, y hoy es claro signo lusitano.


También nos encontramos con una librería de antiguo, que me encandiló enseguida:


Y muy cerca de allí, por la Calle Trinidad, llegamos a la Iglesia del Carmen, de la que solo quedan los arcos que sobrevivieron al terremoto que sufrió Lisboa en 1755. En el presbiterio, que no se derruyó en el terremoto, se encuentra un museo arqueológico, en que no entramos en esta ocasión.
Fachada de la Iglesia
Y otra foto rescatada del 2005 en la que se ven la estructura de los arcos.
Rodeando la iglesia, se llega al Elevador de Santa Justa, un ascensor que baja al Barrio Bajo de Lisboa, aunque no conviene cogerlo si no vas a subir luego, porque los billetes son obligatoriamente de ida y vuelta, con un precio de 5,15 € el billete. También puedes acceder a un mirador que hay sobre el elevador (1,5 €)

La entrada al elevador

El elevador visto desde abajo
Nosotros bajamos andando, pues pensamos volver a casa en tranvía. Así que una cuesta empinada y empedrada nos acerca a la Baixa..

Al bajar, lo primero que vemos es la fachada de de la estación del Rossio, edificio del siglo XIX de estilo manuelino, que se sitúa entre dos plazas, la Los Restauradores y la plaza del Rossio:

Fachada de la estación.

Plaza de los Restuaradores

Plaza del Rossio, con la fachada del teatro Nacional

En la plaza del Rossio nos encontramos con multitud de cafeterías y pastelerías, pero no las recomendamos por ser un poco caras ya que se sitúa en una de las zonas más turísticas de la ciudad. Cerca de la plaza del Rossio encontramos un establecimiento de latas de sardianas que en su decoración recordaba a Charlie y  la Fábrica de Chocolate. La sardina es un producto muy típico de Lisboa, y venderlas enlatadas en un diseño bonito es un buen reclamo para turistas.


Y haciendo contraste, muy cerquita de esta lujosa tienda, nos encontramos con un limpabotas que trabajaba en la calle:



Continuando con nuestro paseo, llegamos a la plaza Figueira, presidida por una estatua de Juan I. Nosotros la encontramos invadida por tenderetes que vendían recuerdos y productos típicos de la zona, de hecho de allí nos llevamos unos típicos pendientes hechos de azulejos y corcho.



Un bonito collar con los motivos de los azulejos
De ahí nos dirigimos, hacia la rua Augusta, una calle peatonal llena de comercios, cafés y restaurantes, comimos en esta zona, pero para nada la recomendaría, precios muy caros y comida no muy buena,


esta calle desemboca en la Plaza de Comercio, una plaza enorme que albergaba la residencia de Manuel I, pero que fue destruida en el terremoto de 1755 y que se reconstruyó como un nuevo palacio que luego pasó a convertirse en las oficinas del gobierno tras la revolución de de 1910.



Y frente a la plaza encontramos las vistas del río Tajo:



Y junto al río, encontramos estas, y otras, graciosas figuras hechas con las rocas:



Terminamos el día paseando por la Alfama. El barrio que se sitúa junto al barrio alto y donde encontramos la Sé y el Castillo de San Ángelo, entre otros tesoros, pero... os lo cuento en la siguiente entrada.

Os dejamos aquí una propuesta del recorrido: